Cuando la mirada de los demás pesa demasiado: Ansiedad Social
“Quien vive con ansiedad social no teme al encuentro, teme a la posibilidad de no ser suficiente ante los demás.”
Alguna vez te ha pasado que sientes miedo al hablar en público, que llegas a una exposición del colegio, la universidad o el trabajo y que incluso días antes están pensando cosas como: ¿Qué pasa si fallo, si se burlan de mí, si hago el ridículo? Estos pensamientos son más comunes de lo que imaginas y en algún momento nos ha pasado a todos, pero que sucede cuando se vuelven un problema constante que evita que llevemos a cabo nuestras rutinas laborales, estudiantiles e incluso que nos impidan desarrollar nuestra vida social con más tranquilidad.
En ese caso es posible que se trate de una fobia social como se llamaba antes o una ansiedad social que si perdura por mucho tiempo o nos irrumpe las actividades diarias puede convertirse en un trastorno que requiera de mayor atención. Para eso es necesario identificar primero de qué se trata.
¿Que caracteriza la ansiedad social?
El núcleo del problema no es la interacción social en sí, sino el temor a ser evaluado negativamente. Es por eso que como mencionamos antes, la persona puede tener pensamientos cuya base es el miedo, cosas como:
· “Van a notar que estoy nervioso.”
· “Voy a hacer el ridículo.”
· “Se van a dar cuenta de que soy torpe.”
· “Van a juzgarme.”
Dichos pensamientos van acompañados en su profundidad a un fuerte miedo a equivocarse, preocupación por parecer incompetente, sensación de estar siendo observado constantemente.
Ese miedo a su vez genera una anticipación ansiosa incluso días antes de la situación social. Estos pensamientos van ligados a situaciones donde debemos interactuar con grupos de personas e incluso en algunas ocasiones con solo una persona. De esta forma se vuelve complicado y casi imposible el hablar en público, participar en reuniones, conocer personas nuevas, comer o beber frente a otros, hacer preguntas en clase o en el trabajo, realizar llamadas telefónicas, ir a un concierto o algún evento público.
Aquí entra en juego otro aspecto y son las crisis de ansiedad o ataques de pánico, cuando esos pensamientos que vienen del miedo son arraigados de forma constante y por un periodo de tiempo largo, van tomando cada vez más fuerza y con el tiempo se van convirtiendo no solo en pensamientos sino también en sensaciones, conductas y creencias físicas sobre sí mismo, los demás y el mundo.
Algunos de los síntomas físicos experimentados en estas situaciones son: Rubor facial, sudoración, temblores, taquicardia, sensación de falta de aire, tensión corporal. En el ataque de pánico, se incluye un fuerte miedo a morir, suele tener una duración corta con un inicio repentino, el miedo es desproporcionado y en la mayoría de los casos sin un peligro real inminente. Por su parte las crisis de ansiedad, suelen darse de forma gradual, puede durar horas e incluso días, se relaciona con preocupaciones en ámbitos laborales u otros, se experimentan síntomas mas cognitivos y emocionales que físicos, aunque también puede estar presente la tensión muscular y alteraciones de sueño.
Todo esto poco a poco se convierten en conductas evitativas: Evitar situaciones sociales, hablar muy poco, retirarse temprano de reuniones, evitar mirar a los demás a los ojos.
Una cosa es tener nervios porque vamos para una reunión importante y otra muy diferente es sentirnos limitados por sensaciones extremadamente fuertes que nos impidan llegar a la reunión y decir lo que necesitamos. He conocido casos donde personas con ansiedad social tienen alguna presentación importante y llegan al momento de la reunión y no les sale una palabra, esto en psicología es llamado mutismo situacional. Esa incapacidad de hablar, aunque se quiera debido a los altos niveles de ansiedad en ese tipo de situaciones sociales. Pero tengo buenas noticias, con trabajo psicológico es posible ver avances y superar dicho mutismo e incluso la ansiedad social en su origen.
Es decir, la diferencia entre ansiedad natural por un evento y la ansiedad social, radica en el nivel de interferencia que nos hace en nuestra vida diaria o en la realización de nuestras metas personales. Limitando la libertad de actuar.
Por eso el problema no es la interacción en sí, sino la anticipación constante del juicio de los demás.
La ansiedad social suele desarrollarse a partir de una combinación de factores:
· Experiencias tempranas de crítica o humillación
· Temperamento sensible al juicio social
· Aprendizaje de evitación
· Autoconciencia excesiva.
ANSIEDAD SOCIAL VS TIMIDEZ.
Muchas personas suelen confundir la timidez con la ansiedad social, la timidez es un rasgo de personalidad y generalmente no limita la vida cotidiana.
La ansiedad social, como ya hemos descrito:
· Genera malestar intenso
· Provoca evitación
· Interfiere con trabajo, estudio o relaciones.
· Puede provocar crisis ansiosas o ataques de pánico.
Así que a veces es importante prepararnos con antelación para una reunión ya que esto nos brinda mayor seguridad y por ende menos sensaciones de ansiedad o anticipación catastrófica frente a algún evento. Realizar actividades de meditación también suelen ser de gran ayuda en estos casos. Aun así, a veces no solo se trata de aplicar herramientas al azar para solucionar de manera rápida lo que nos obstaculiza en el momento, es importante tener en cuenta que ir más allá de los síntomas, nos brinda una mejora de raíz ante las situaciones y a veces no solo se trata de saber poner límites sino también de hacer una evaluación sobre como estas percibiendo el mundo, a los demás y a nosotros mismos y desde allí actuar para aprender nuevas maneras para nuestra vida y bienestar integral.
Si todo esto resuena contigo, estas interesado en informarte un poco más, comenzar a conocer estos aspectos sobre ti, obtener herramientas para su manejo, identificar si estas pasando por crisis ansiosas o ataques de pánico e incluso comenzar a mejorar en lo que sientes y por ende en tu estilo de vida. Contáctame y lo hablamos mas específicamente.
MANU🦋
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